¡GUARDIANES DE LIBROS! (Diego Santos Márquez)

¡GUARDIANES DE LIBROS! (Diego Santos Márquez)

AQUELLOS LIBREROS.

Esta semana que mi novela se distribuye y llegará a algunas librerías, recuerdo aquél articulo titulado «Gracias Libreros» que escribí en la Revista Literaria de Marbella “La Garbía” en agosto de 2017, que hoy quiero recordar, deseando encontrar libreros que faciliten el camino a “Sorpresas te da la vida”.

Lo recuerdo perfectamente.  Ocurrió hace unos ocho años en Málaga.  Sí, en la capital. Un jueves de junio acercaba a una de mis hijas a la universidad, un examen de recuperación a primera hora de la mañana.  Un día muy caluroso, pero con un cielo gris. Apenas la dejé en la Facultad de Derecho, comencé a callejear por esas calles inusuales para mí, ya que era la primera vez que andaba por aquella zona.

Disponía de un par de horas, aunque hasta pensé en desplazarme a algún centro comercial cercano para que la espera no se me hiciese eterna. Deguste un café con leche, con un mollete con manteca de lomo. En mi pueblo la llamamos “manteca colorá” y, me deje llevar por aquellas calles. Poco tiempo después, me di cuenta que estaba en una calle sin salida. Cuando volvía por mis pasos, a la izquierda un rotulo rojo anunciaba la existencia de una pequeña librería.

Entré allí, buscando un libro que tiempo atrás un amigo lector me había recomendado.  Bajando el pequeño escalón de la entrada, me vi en un lugar muy peculiar y especial. Daba la sensación de haber cruzado un portal que me traspasaba al pasado.

Una señora mayor, pero muy coqueta y sonriente me recibió con un gesto que me hizo sentir cómodo, y como un niño pequeño me colé por aquellos pasillos con se olor a papel. Mirando sus estanterías, limpias y ordenadas, había libros de todas clases, pero abundaban los clásicos. Me giré buscándola y rápidamente se me acerco:

— ¿Le puedo ayudar?

–Sí.  Me ha llamado la atención esos separadores de esta estantería.  ¿Cuál es la diferencia?

–Joven – me dijo, con voz pausada-  “los libros viejos” son aquellos que tienen más de 50 años, y los “libros antiguos” son los que superan los 100.

–¡Gracias! Todos los días se aprende algo.  Por cierto, busco un libro titulado “Carta de una desconocida”.   No recuerdo su autor, pero en un blog literario hablan muy bien de él, y un amigo también me lo recomendó hace tiempo.

–¡Ah! Sí. Es de Stefan Zweig, es una pequeña joya literaria.  Espere un momento, lo busco y se lo acerco.

Miraba aquel lugar, como si fuese un pequeño templo.  Aquellos libros eran como un Patrimonio Bibliográfico.  Vagamente, me recordaban aquellos libros de la famosa Cuesta Moyano de Madrid.  También pensaba en esa mujer, en su sencillez, su estilo y, su forma pausada de actuar. Como a cámara lenta llegaba ella con el libro en sus manos.  Lo sostenía con una delicadeza exquisita y me lo entrego como cuando se da algo frágil.  Muy frágil.

Sus dedos acariciaban el libro y resbalaban por él. Nunca vi tratar con tanta dulzura un libro.  Hablamos un buen rato de libros, literatura y del mundo literario. Fue como una clase magistral.

Cuando salí de allí, después de callejear un ratito, me senté en un banco y, volví a disfrutar de ese momento, lo recordé todo como se recuerda una película de cine que te ha encantado. Pensé en esos lugares que no se pueden denominar librerías, ya que allí hay de todo, y sobretodo falta la figura del librero.  Ese que te da conversación, que te recomienda y te comenta lecturas.

Era consciente, que aquello que había vivido, no era algo normal en estos días. Vas a muchos espacios donde los libros se encuentran mezclados con todo tipo de productos. Y los libros necesitan su hábitat, su lugar donde se preparan para que ese lector lo agarre y lo acaricie como hizo aquella librera.

La pequeña joyita, era toda una joya.   Desde entonces, me he interesado por ese escritor y sus libros. Cuando lo leía, el tiempo volaba mientras pasaba sus hojas. Tanto, que el sonido del móvil me sobresaltó haciéndome volver a la realidad. Una hora más tarde de lo previsto recogí a mi hija, y aun volviendo a casa mientras conducía, las imágenes de la librería y su librera me rondaban por la cabeza.

Tres meses más tarde volvía a aquella zona.  No tenía que llevar a mi hija, ni había exámenes, ni nada.  Pero tenía la necesidad de volver a aquel “templo”. Cuando estaba en la puerta observé que el pequeño escaparate estaba forrado con papel.  Una nota en la puerta me puso triste, e incluso derramé alguna lágrima: “Cerrado por Defunción.  Gracias a los que dieron vida a este lugar”

Ahora, mientras les cuento esta anécdota pienso que tenemos suerte que aún en esta zona, en Marbella y sus alrededores, tenemos algunos “libreros”, pocos pero algunos. Esos personajes, como los Sempere en las obras de Zafón, también existen fuera de los libros, y que tanto apostaron al fomento de la lectura. Ellos, merecen mi reconocimiento y estoy seguro de que el de ustedes también.

¡Gracias Libreros!

Y gracias a ti, como siempre, por acompañarme. Sin tú presencia, este lugar sería más frio. ¡Hasta la próxima!

Diego Santos Márquez

¡BLOQUEOS! (Diego Santos Márquez)

¡BLOQUEOS! (Diego Santos Márquez)

El bloqueo lector.

Paseaba el otro día por el paseo marítimo de Marbella, cuando vi a una persona que hacía bastante tiempo que no sabía nada de él. Muchísimo tiempo. Para ser más concreto desde mi época de estudiante del instituto no nos veíamos, y la verdad que ha llovido bastante desde entonces. Lo que más recuerdo de este amigo era que le encantaba leer. Devoraba libros. Sin lugar a dudas, era el que más leía de mi clase. Aunque seguramente de muchas de las aulas que componían en aquella época el centro educativo.
Quedé muy sorprendido al abordar el tema de los libros, lo vi muy desganado y como si nada de lo que os he contado de él fuese cierto. En otras palabras, que parecía alguien que apenas había tenido un libro entre sus manos. Le invité a ir al médico o al psicólogo, ya que creí que debía curarse esos males. Ese bloqueo lector que tenía, había que intentar desbloquearlo, y para ello me saque una tarjeta de visita del bolsillo y se la ofrecí:

 ¿Me mandas al médico y al psicólogo? – me dijo
 Si, visítalo, es un doctor muy especial, acude a su consulta. ¡No te arrepentirás!

Este buen hombre, al que recuerdo como un adolescente, fue a visitar tres días más tardes al doctor que le recomendé. Lo atendió, después de comentarle que ha intentado muchas veces leer, pero que se cansa, que no le motiva. Por circunstancias personales y de trabajo dejó de hacerlo y que ahora no tiene habito alguno, se bloquea tanto que lleva años sin leer.
El profesional lo miro y después de oírlo con detenimiento, empezó a escribir, confeccionándole varias recetas. Eso sí, le indico que no debería de ir a cualquier farmacia, sino a una que él le reseñó. También le hizo saber, que con lo que le estaba recetando en tres meses debería estaría “curado”, de lo contrario habría que estudiar más su bloqueo, y por consiguiente su diagnóstico sería más grave.

El desconcierto de mi amigo iba en aumento, la letra ilegible del doctor tampoco le ayudaba nada, no sabía cómo se había metido en esta historia. Sin embargo, decidió dar un paso más acudiendo al lugar que le envió. Allí una joven muy amable le hizo pasar a otro mostrador, donde detrás había una estantería pero no de medicamentos, sino de libros. Cogió ella la primera receta y le saco un ejemplar de “Marina” de Carlos Ruiz Zafón, le explicaba que es un libro con un toque oscuro, pero que le va a gustar mucho, y que si se lo toma en varias dosis podrá ayudar a los tres protagonistas de la historia, y estos a la vez le abrirá el apetito de seguir leyendo.
La segunda receta era otro libro del Zafón “La sombra del viento”, la historia de una familia librera, los Sempere, y un secreto que ocultan. Aunque es adictivo, no pasa nada si no puede dejar de leerlo aunque se le cierren los parpados, acabó diciéndole.
“La mujer justa” de Sandor Marái, era la tercera de las recetas. Esta con más contenido, y donde se puede ver una relación entre tres personas, vistas desde el punto de vista de cada uno de ellos. Será fácil de digerir, si has “tomado” los anteriores, le explicaba sin perder su sonrisa.
Otra receta más, “Novela de ajedrez” de Zweig. Al darle este libro, se puso sublime, algo seria, contándole que la vida es como el ajedrez. Y hay que mirarla y estar pendiente de ella, para disfrutarla y vivirla.
La última de las recetas era un libro de los llamados modernos, Contra el viento del Norte” de Daniel Glatauuer. Con el que podrá coronar ya el hábito de la lectura, con un tema de actualidad de esta época que nos toca vivir.
Se sentía abrumado, pero a la vez contento con las indicaciones que le dio la “farmacéutica librera”. Es más, para terminar le dijo te voy a dar otro libro más, pese a que no te lo han recetado, es un regalo. Un thriller, “Vestido de novia” de Pierre Lemaitre, muy emocionante ya que después de los anteriores, pedirás más acción y suspense. ¡Te vendrá genial!

Salió de allí con una bolsa cargada de libros, pero sobre todo salió con el antídoto necesario para superar ese bloqueo lector que hacía tiempo que lo acompañaba.

Disculpad mi atrevimiento en este post, pero lo único que pretendía era dejar constancia de algunos libros que pueden desbloquear ese bloqueo lector que podemos tener en algunos momentos. Seguro que tú, como el “doctor”, tienes otras recetas literarias que consigan que las ganas por leer no se pierdan y se mantengan vivas.

-¿Qué libro o libros, recomendarías para enganchar a leer?
-¿Has leído algunos de los mencionados? ¿Te gustó?

Gracias por «andar» por aquí.  ¡Hasta otra!

VIAJANDO HACIA 2018 (Diego Santos Márquez)

VIAJANDO HACIA 2018 (Diego Santos Márquez)

Encuentros en el tren.

No debe tardar mucho en salir. Llego agitado a la estación de tren, me debí levantar antes ya que este viaje no me lo quiero perder. Subo y entro en el vagón, en el doce, veo sentada a varias personas. Las miro y las vuelvo a mirar. Sonrío, son ellas. Nada más comenzar el recorrido por el pasillo del departamento, veo a Paqui inmersa en la lectura de “Los pacientes del Dr. García” de Almudena Grandes. Levanta la vista, me mira y sonríe. Dos asientos más adelante esta Pilar. Sí, Pilar Z. Heras, en sus rodillas descansa un libro de Juan Gaitán “Ciudad Violeta”. Nos miramos, con un ligero movimiento de cabeza me saluda y, con una sonrisa le correspondo.

En esa fila en los asientos del lado contrario está José Vicente Merino. Suelta el libro y nos saludamos. Mi vista se clava en el asiento del al lado donde dejo caer lo que leía. Un libro de viajes de Javier Reverte titulado “El sueño África”, o al menos eso es lo que he leído de refilón.
Estoy contento, y me dispongo a continuar el recorrido del departamento. Veo de frente a Cristina que ríe a carcajada mientras sostiene “El laberinto de los espíritus” de Zafón. Un abrazo y me explica que el motivo de su risa ruidosa son las cosas de Alicia Gris, ese personaje que cierra el Cementerio de los libros olvidados. Pensaba que esas risas sería algunas de las cosas de Fermín Romero de Torres. Se ve que Alicia le ha encantado a Cristina.
Ángeles a su lado, la mira como diciendo: “no es para tanto”. Ella no necesita reír, su sonrisa forma parte permanente de su rostro. Para mi sorpresa lleva en la bandeja de apoyo mi primer libro “Té con Raúl”. Me tira un beso con la mano y le respondo de la misma manera.

Salgo del vagón, bastante contento de haberme encontrado a estas personas y me dirijo al bar, necesito desayunar. Unas tostadas y un café con leche harán que mi estómago deje de protestar. Aunque lo entiendo, está acostumbrado a desayunar apenas me levanto. Me voy acercando al sitio y las sorpresas siguen apareciendo. En la barra de la cafetería esta Poba con una Coca-Cola en mano. Me acerco hasta él, y con un ligero tocamiento de hombros nos saludamos. No lo esperaba, la verdad. Aunque me he alegrado mucho de verlo con sus vaqueros modernos, del cual asoma a través de unos de sus bolsillos “Once minutos” de Paulo Cohelo.
El café muy caliente. Demasiado quizás, pero la verdad me estaba cayendo muy bien. Se me olvidó pedir la leche templada y las tostadas no han podido ir a la par del café y se acabaron antes. Me vuelvo a coger unas servilletas de los mostradores laterales y veo venir a Pino. ¡No puede ser! Me limpio las manos y nos damos un abrazo. Él llega a este viaje con “Carta de una desconocida” de Stefan Zweig.
Después de un ratito de charla, los dejo hablando, regreso al departamento para sentarme, leer un poco y seguir el viaje. Paco Vargas asoma por la puerta de entrada. Otro abrazo es la expresión de alegría que manifestamos al vernos. En sus manos un libro flamenco como no podía ser: “Solera de Jerez. La mujer que soñaba con el baile”.

Asiento B, fila 4 es mi sitio. Me acomodo y de mi bolsa saco el libro que me acompaña en este recorrido. Antes de ponerme con él, miro al lado en los asientos de enfrente, veo a Inma con el Premio Planeta 2018, “El fuego invisible” de Javier Sierra. Me saluda con la mano.
Ahora sí, bajo la mirada a “La mujer justa” de Sandor Marai. Es un momento mágico, con una lectura preciosa y a gusto de viajar con todas estas personas que he tenido la suerte de encontrar en este espacio. ¡Me siento feliz!
Después de un ratito de lectura, me estiro, me levanto y me recreo mirando alrededor para verlos otra vez. Hay más personas, allí está Loli, con un libro cerrado y apoyado en su pecho y que se distingue perfectamente: “Más allá del jardín” de Antonio Gala. A su lado, Merche agita la mano cuando me ve y me muestra a lo lejos “Patria” de Aramburu.
Como me suele pasar voy de un lado a otro y cuando me siento tengo necesidad de ir al baño. Me levanto tambaleándome con el movimiento del tren. Al llegar a la puerta del WC, veo el vagón próximo. Allí están todas esas personas que cada semana leéis el blog, le dais me gusta en redes, aunque no comentéis el post.
Dentro del baño, además de desahogar mi necesidad, me vuelve esa sensación de felicidad de seguir el viaje de la vida con todas estas personas hacia 2018.

Posdata: Perdonarme por esta “locura de post”, pero me apetecía un montón. Gracias como siempre por seguir en este “tren”.
Nos vemos…

Diego Santos Márquez