LIBROS ABANDONADOS.

Las personas que solemos leer con frecuencia, nos cuesta no acabar ese libro que estamos leyendo. Aunque no lo parezca, no es nada fácil. Un libro en tus manos, pasar las páginas y tu mirada recorriendo esas líneas, hacen que empiecen a formar parte de ti, de tus emociones y sensaciones.Pero a veces, se nos hace cuesta arriba e insoportable y, acabamos dejándolo para otra ocasión o, ni siquiera eso, acabamos abandonándolo hasta con cierto alivio.

La semana pasada visitaba un club de lectura cercano a mi localidad. Una de sus actividades era la que denominaban como rueda literaria. Hacía que los asistentes se viesen obligados a participar a través de una pregunta para todos los asistentes.
En esa ocasión, la cuestión era: ¿Qué libro tuviste que dejar de leer, porque no pudiste con él?
Vi al personal puesto en un “aprieto” y sumidos en pensamientos. Las respuestas diversas y tan distintas me sorprendieron. Quiero contarte que era una pregunta abierta, sin tener en cuenta el género literario.

La mayoría citaban algunos clásicos. Creo que estos libros, muchos de ellos que, en la época estudiantil nos obligaron a leer y, por lo tanto acarrean esa “hipoteca o carga”. Digamos, no fueron libros que leímos por placer.
“Sonata de primavera” de Valle Inclan; “Los Pilares de la tierra” de Ken Follet; “La tempestad” de Juan Manuel de Pradas; “El alquimista” de Cohelo… fueron algunos de los nombrados, sino recuerdo mal.

¡Ah! Una señora mayor, que no había intervenido alzaba la mano, mientras otra nombraba como libro indigesto a “La metamorfosis” de Kafka. El moderador abrió el turno a la señora que parecía impaciente. Y decía, con cierto volumen de voz, que no había terminado “Las cincuenta sombras de Grey”, pero aclarando que el tercer volumen, los anteriores si los había leído y con agrado.
Ni que decir que las risas y miradas cómplices entre las asistentes – todas eran mujeres, a excepción de dos personas- apareció en el ambiente. Algún que otro comentario más a raíz del famoso libro erótico, puso el rostro de Doña Carmen más que rojo.

Cuando el moderador se dirigió al otro hombre que había en la sala, tuve que hablar y comentar algo sobre esos libros que tuve que dejar.
Me quede en blanco y, al ver las miradas acomodarse y estar pendiente de mí, me lance a nombrarlos, con excesiva rapidez:
– “El juego del Riper” de Isabel Allende – expliqué- lo tuve que dejar y me costó, no suelo abandonarlo tan fácilmente.
– Y otro fue, “Villa Diamante” de Boris Izaguirre.
Un silencio en la sala, quizás porque esperaban que siguiese hablando y nombrando más libros. Cosa que no hice, todo lo contrario, pase a justificar esas nominaciones. Les hable de Allende, que era una gran escritora y que había leído muchos libros de ella, y que era una de las grandes. De Boris, hable menos aunque afirme que era un escritor muy inteligente y muy cinematográfico. Y para salir del momento, reconocí que no pude con esos libros.

Cuando volvía a casa, en el coche, empecé a sentirme mal. Pensaba y creía que no fui justo con los libros que mencione. Una mirada al retrovisor, y cuando me mire a los ojos, me dije: -Has dicho la verdad, y sobretodo has sido justo con lo que te ocurrió en esas lecturas. No obstante, pienso que todo libro merece una segunda oportunidad. En otro momento, en otro instante de la vida.

Bueno, aquella reunión acabo, todos se fueron y también el moderador. Pero no por ello te vas a librar, te toca a ti:
¿Nos hablas de esos libros que no pudiste acabar? ¿Por qué acabaste abandonándolos?