Esos libros que se pusieron imposibles.

Ahora con la llegada de este tiempo otoñal, las castañas hacen presencial en nuestra vida. Un buen tostón, calentitas, la verdad que es un gran manjar.
Pero esos libros que nunca pudiste acabar, por los motivos que fuere o fuesen, se convirtieron en otro tipo de tostón. Reconozco que cuando empiezo a leer un libro, me cuesta mucho dejarlo, aunque se ponga insoportable. Le doy varias oportunidades e incluso lo dejo un tiempo para posteriormente encontrarme con él.

Recuerdo una tertulia literaria, de esas que suelo acudir de vez en cuando, en el que el tema era nombrar esos libros que no pudimos terminar y que no lo solemos reconocer. Allí, os podéis imaginar, se dijo de todo. Muchos títulos que a algunos le sorprenderían. Si es cierto, que se respiró un ambiente de sinceridad, ya que algunos de los asistentes se sintieron hasta liberado en reconocer que no había leído tal título.

Nombraron entre otros a:
• El alquimista, de Cohelo
• Sonata de primavera, de Vallen Inclán
• La metamorfosis, de Kafka.
• Los Pilares de la tierra, de Ken Follet (si, este me sorprendió bastante)
• Ulises, de James Joyce.

Algunos más, aunque ya os digo no todos se animaban a confesar el abandono de algún título. Sí, sé que os diré los que nombré allí. Dos títulos, “El juego del Riper” de Isabel Allende y “Villa Diamante” de Boris Izaguirre. Lógicamente, he dejado alguno más, pero esos fueron los que recordé en aquel instante. Aunque pienso que todo libro merece una segunda oportunidad, y se las debo a esos dos.
Y vosotros, seguro que algunos se os pusieron, como se suele decir, cuesta arriba y lo dejasteis para otra ocasión. Vamos:

• ¿Qué libro no pudiste acabar?
• Y algunos de esos, después de darle otra oportunidad ¿Lo terminaste?

Hoy me llamaban de la editorial, que en quince días estará la novela lista de impresión. Y después empezaría los preparativos para su presentación en redes con un booktrailer. De modo, que “Sorpresas tiene la vida” está al llegar. Seis personajes principales, son los que os van a acompañar a aquellos que decidáis seguir a Julio Santos en esas historias que se le complican constantemente, que con una buena actitud consigue, al menos, ir controlando la situación, aunque a veces se haga incontrolable.

Hoy os hablo de Marta Quintana, su secretaria, una jerezana que llegó a Santander con un músico indie, y que tuvo la fortuna de encontrar trabajo en el despacho de Julio, gracias sobre todo a su rapidez a la hora de escribir a máquina.

Una vez más, gracias por acompañarme en esta aventura y darle a este blog, ese calor que necesita para seguir vivo.

Gracias mil. Hasta la próxima.


Diego Santos.