Tablets e Ebooks

Ya desde hace varios años, casi un década sino me equivoco, los ebooks forman parte de nuestra vida. Un dispositivo con el que podemos leer un sinfín de libros. Después, resulta que se leen bastante menos.
No voy hacer un alegato en contra de estos aparatos, pero si voy a seguir reivindicando el libro en papel. Sé y soy consciente que estamos en unos momentos donde la tecnología forma parte de nuestro entorno. Sin más, este mismo blog, sería impensable tiempo atrás, cuando internet aún no existía.
Pero los datos que se dan con este formato de lectura no son exactos. Ni son correctos. Una revista de opinión económica, lo decía el pasado mes, no son ciertos los datos que se refleja la lectura en los ebooks. Se comentaba que apenas un 16% de libros se comercializan en este tipo de dispositivo.

Miren, tengo ebook. Tengo en el móvil aplicaciones con las cuales se pueden leer, tengo en mi Tablet preparada para poder dejarme colar entre miles de libros. Me pasaron un “pen drive” o memoria USB, donde podría haber más de mil títulos. ¿Saben ustedes cuántos libros he leído? Uno, y otro que empecé y no puede seguir. ¡Ojo! No era por el contenido del libro. Digo todo esto, porque a esta altura de año, he leído catorce libros. Sí, los cuento, los anoto, los puntúo, y a final de año me gusta ver los libros que he me han acompañado y he acariciado sus páginas. Lógicamente, me remito a los libros impresos.
Me decía el otro día una escritora en un café literario, que es muy cómodo los ebooks, porque los llevas en el bolso, y en casa no te ocupan sitio. Es cierto, pero también lo es, que me quede un poco atónito y hasta triste. No quiero llevar un libro en un bolso. Quiero llevarlo en mis manos, acariciarlos, pasar sus páginas. Y sí, quiero entrar en mi baño, en mi cocina, en mi sala de estar, en todo lo que me rodea y ver o tener a mano un libro. Sí, quiero.
Quizás algunas personas pueden pensar que soy anticuado. Posiblemente. Y lo dice alguien, que escribe y han venido muchos libros por estos sistemas. Tanto “Té Quiero” como “Té con Raúl” han tenido bastante aceptación en estos formatos.

En un centro comercial el otro día un adolescente le daba “la vara” a una mujer mayor, seguramente su madre, quiero una tableta le había reiterado en varias ocasiones. Y no cesaba en su empeño. La madre, parecía no oírlo, y su respuesta era el silencio. No por ello, aquel chaval se callaba.
No soy de meterme donde no me llaman, pero vi tanta presión hacia la señora, que le dije señora:
– Yo también quiero una tableta, pero de chocolate, y si es del negro mejor.
– ¡Como la del barco!  – me dijo sonriendo.
– Siiii – le contesté.

Y recordé, como mi madre solía esconder esa tableta de chocolate que llamaba “la del barco” (no era su nombre, así se le llamaba, al tener dibujado un barco en el envoltorio). Y la escondía, porque no le daba tiempo hacer el chocolate sí yo o mis hermanos dábamos cuenta de ello. Mira que el chocolate era grueso, pero más fuerzas tenían nuestros dientes.
No te voy a preguntar por el chocolate negro, aunque si te apetece puedes contar lo que quieras de él. Pero sí te voy a preguntar por los nuevos dispositivos de lecturas:

¿Cómo los ves?
¿Acabarán con el libro de papel?

Como siempre darte las gracias por ser y estar en estos alrededores.
Hasta la próxima.

Diego Santos Márquez