Los libros de autoayuda.

Ya de entrada, te cuento que para mí no es ningún tipo de timo. Es un tipo de lectura que en un momento dado le das la cobertura y el espacio en tu “vida”. Y, en ocasiones te ayuda a superar algunos momentos “grises”. Bien es cierto, que como cualquier género literario, te puedes encontrar con buenos y malos libros.
Dentro de esta categoría, también existe las parcelas o subcategorías, como puede ser la autoayuda emocional, o bien personal y como no, la de autoestima.
He leído bastante de este tema, y como indicaba en el párrafo anterior me he encontrado con libros excelentes; otros correctos y otros que se puede catalogar como inleibles o infumables. Pero hay que ser justo, y en muchas ocasiones esta valoración va a despender de nosotros, de nuestra percepción y de nuestra situación personal.

Quiero recordar en una reunión de lectura, más en concreto era un café literario donde se suele conversar de temas literarios. Allí una psicóloga criticaba este tipo de libros, ya que era como auto medicarse algo así decía. Alguien del público le contesto, una mujer mayor, y con una voz muy pausada le decía que en su mayoría eran libros bien escritos por profesionales para no profesionales y que particularmente a ella le ayudo mucho en determinado momento. Y sobre todo, Jorge Bucay, sentenció la señora.
Tuvo una respuesta menos radical y más compresión por parte de la psicóloga, pero a mí me ganó. Lo hizo cuando nombro a Bucay, ¡Me encanta! Además de terapeuta, psicólogo es alguien que te hace pensar y ver la vida desde otra ventana. Desde esa, que por las circunstancias del día día, ni siquiera te tienta asomarte.

Hablemos un poquito de él, de Jorge, tiene un sinfín de libros y cuentos, por nombrar algunos de los más famosos “Déjame que te cuente”; “Cartas para Julia”; “Cuentos para pensar”…. Y, hasta una novela titulada “El Candidato”, que para aquellos que no están en política, les va a sorprender. Y para los que están, les va hacer asentir con el típico movimiento de cuello, al pasar sus páginas. Para que nos entendamos, como el perrito aquél que iba en la parte trasera de los coches.
Tuve la ocasión y suerte de asistir a una conferencia de Bucay en Málaga, e incluso pude hablar con él y, le regale un ejemplar de mi primer libro “Té con Raúl”. Esos momentos con él, además de fascinarme, me demostró que es de esas personas que aprendes no solo escuchándola, sino también observando su lenguaje no verbal. Es toda una expresión puesta en escena.

Os dejo unos de sus pequeños cuentos, que tienen tanto de superación que merece la pena leer y disfrutar de su lectura.

“El elefante encadenado”
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?. ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…
Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad… condicionados por el recuerdo de «no puedo».  Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón…                              Jorge Bucay.

Ahora os toca a vosotros, y hay que opinar, ¡que hoy paso lista!:                                                                                                              –¿Qué opinas de los libros de autoayuda?
  –¿Te gustan o te parecen un “timo”?
  — ¿Has leído algo de Jorge Bucay?

Atentamente esperamos leerte y que nos cuente tu opinión del post de esta semana. ¡Gracias mil!
Hasta la próxima.

Diego Santos Márquez